Cuando me decidí a crear este blog, lo hice con el firme propósito de convertirlo en un espacio donde poder expresar lo que Rocío es para mí. Como hermana de una persona con discapacidad, soy consciente de que mi papel en su vida es importante para su pleno desarrollo.
Siempre quise mantener mis palabras alejadas de la crispación, rabia e impotencia que siento respecto de los actos y, sobre todo, omisiones de los que tienen la obligación legal y moral de proporcionarme los medios necesarios para poder cumplir con mi cometido, pues le hice una promesa a ella, a Rocío. Le prometí hacerla completamente feliz.
Pero cuando todo son barreras, cuando no cesan las imágenes, las noticias sobre el desamparo al que los poderes públicos están sometiendo a las personas con discapacidad, es prácticamente imposible permanecer indiferente.
No quisiera extender esta carta hablando de los motivos que justifican mi sentir, pues la más inmensa de las razones que tengo para redactar esta misiva es Rocío.
No se confundan, ella no es un número más de expediente en la Ley de Dependencia, no sólo está dentro del porcentaje de la población española con discapacidad, no es un montón de papeles ni un peso para la sociedad, ES UNA PERSONA CON SÍNDROME DE DOWN; pero ante todo es eso, una persona, y como tal, tiene unos derechos fundamentales que le han de ser garantizados más allá del papel donde ustedes los han escrito, y más allá de la foto en la que ustedes posan después de tal redacción. Tras la firma de ese papel y tras la foto, vendría la ejecución de su texto adoptado en forma de Convención, Acuerdo o Tratado, el nombre que le den me es indiferente, el contenido no.
Y ya estamos en Navidad, época en la que todo son buenas palabras cargadas de ánimo y aliento. Al año nuevo le pido salud y paciencia, y a los Reyes Magos, que repartan toneladas de felicidad, no es un tópico en estas fechas, es lo que procede puesto que parece ser que esta situación va para rato.
Feliz Navidad.
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